Balanza sin equilibrio

Si alguien me preguntara qué he aprendido este año, creo que mi lista se convertiría en algo interminable.

2015 ha sido una balanza en búsqueda constante del equilibrio, donde ha pesado lo peor y lo mejor. Un año de vida a contracorriente y destiempo, luchando demasiado pero obteniendo gratas recompensas que se hicieron esperar.

365 días de enfrentarse a uno mismo, a miedos, a obsesiones. A pérdida de fe en la humanidad, a querer y no poder, a caer y castigarse uno mismo, a perder la propia confianza. Días de sueños perdidos, de energías agotadas, de luchas inadvertidas, de decisiones equivocadas, de huidas y retornos. De volver a empezar de cero, y arrepentirse de hacerlo cuando ya no queda otra y los “y si” invaden tu cabeza. De aferrarse a lo conocido y temer a lo que está por venir.

Temer, temer y temer. Ese verbo que tanto pesa.

Pero también han sido 8.760 horas compuestas por ilusiones y pequeños logros que se convirtieron en grandes hazañas, de sustituir rencor por afecto, de saber que juzgar solo daña a quien lo hace, y de aprender a respirar en más de una ocasión. De momentos compartidos donde muchas personas han demostrado la razón por la que parte del mundo sigue funcionando, y que saben que queriendo es la única manera de romper barreras e incluso abrazar en la distancia.  De estar en familia, la de sangre y la escogida. De ser punto de apoyo pero también tenerlo.

De sorpresas inesperadas en forma de personas, que te enfrentan a lo que fuiste y lo que eres y te hacen desear un mundo propio y un futuro mejor, donde la vida no se mida en la cantidad de dinero sino de sonrisas.

De volver a confiar, aunque a veces las maletas pesen más de la cuenta.

De un “hoy no salimos” a cerrar la noche en buena compañía y la mejor de las decisiones. De una cerveza en tu bar favorito, de esas conversaciones de horas arreglando el mundo, y confesiones que materializan la incondicionalidad de aquellos que de verdad te quieren por como eres, con lo bueno y lo malo.

De volver a estar en casa y desear que el tiempo pase rápido porque sabes que lo mejor está por venir.  Y precisamente por eso que está por venir es por lo que chocaré mi copa cuando 2016 ya sea una realidad.

Porque con suerte,  la balanza ya no tendrá que buscar el equilibrio.

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About lopezanais

Periodista, amante de la música. Somos lo que hacemos, pero también lo que decimos. La palabra como herramienta de construcción.
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